
El premio de este mes va dirigido a todos los cocineros que están chupando cámara todo el día. Concursos malísimos, preparando platos con algunos famosillos, sacando un libro después de otro. No están en los fogones de sus restaurantes porque están todo el día viajando y preparándose para sus actuaciones en los estudios de televisión. Muchos de ellos se han ganado la fama que tienen, pero ahora ya se pasan. Abren sucursales de sus restaurantes en todo el país (muchas veces en algún hotel – tengo que admitir que en muy pocas ocasiones he disfrutado de una comida o cena en un hotel), ponen su nombre y poco más. Parece que a la gente les gusta este tipo de programas así que cada vez hay más. Quitando a Carme Ruscalleda (del restaurante Sant Pau en Sant Pol de Mar) sólo salen hombres. Siempre me ha parecido muy curioso que en la cocina de alto standing sólo haya hombres, especialmente teniendo en cuenta que la que cocina en la gran mayoría de los hogares es la mujer. Muchos del género masculino incluso echan a su mujer de la cocina cuando hay unos invitados y se quieren lucir ante ellos – aunque su mujer cocine los 365 días del año. Un mundo curioso. Todo al revés. Me imagino que será algo pasajero este estrellato de los cocineros (se podría incluir también a los enólogos y los sumillers), esta publicidad tan exagerada, este afán de sacar dinero poniendo su nombre a cualquier producto que se preste a ello. Ya tenemos la cubertería de Ferrán Adría, sus maravillosas copas de vino, su café Lavazzo que es un invento único – nos tienen aburridos ya. Pues, yo les pido que hagan lo que tienen que hacer, volver a sus puestos de trabajo y de vez en cuando contarnos alguna receta interesante porque allí es donde se cocina de verdad, no en la tele donde todo es manipulable.

